Feeds:
Entradas
Comentarios

Archive for the ‘Relatos de los Jóvenes’ Category

Mi negro

La historia empezó en el viejo continente. Un soleado día me senté en mi sitio habitual, cuando, de repente entró un chico desconocido en la clase. Era un joven alto, negro, muy, muy negro; tan negro, incluso, como la arena de algunas playas de Tenerife. En aquel preciso instante todo mi cuerpo empezó a temblar, y sentí un intenso cosquilleo en la barriga.

El atractivo negro se me acercó lentamente y, mirándome a los ojos, me dijo: “Hola, blanquita, ¿cómo te llamas?”. Le respondí algo sin sentido, porque me sentía incapaz de articular una palabra. “¿Y tú?”, me atreví a preguntarle. “Yo me llamo Tu Negro”. Entonces, desde aquel momento, le llamé “mi negrito lindo”.

Poco después, mi negrito me dijo que si quería ser su novia y yo, de nuevo, no encontré ni una palabra, pero, esta vez, sabíamos que sobraban.

En otra ocasión, mi negrito lindo me dijo que quería darme una sorpresa. Quedamos una tarde en una playa perdida al atardecer. Al llegar encontré algo parecido a una cama de flores en la arena. Luego mi negrito empezó a acariciar mi cuerpo blanco como la espuma que rozaba mi piel lentamente. Nunca olvidaré aquella piel con olor a pétalos de rosas. Pensé entonces en los cuentos de hadas, que para nada se asemejaban al nuestro.

Amanda Rodríguez Ortega

Read Full Post »

Un recuerdo

La rutina de cada domingo, hiciera frío o calor, era levantarme y esperar a que llegara un buen amigo para irnos a remojar y practicar submarinismo. Ese día de verano luminoso y de intenso calor, nos fuimos temprano para coger un buen sitio en primera línea. No fue difícil conseguirlo, dejamos  los bártulos y nos metimos en el agua a husmear entre las algas y los peces.

Después de dos horas de intenso ejercicio volvimos a la playa. Nos quitamos los trajes de submarinismo y nos tumbamos como lagartos a tomar el sol. Al rato me despertaron unos susurros cerca de nosotros. Abrí los ojos y me encontré con un espectáculo increíble. Había un grupito de semidiosas alucinantes. Estaba boquiabierto. Mis ojos azules eran incontrolables. No respondían a mis órdenes.

Pasado el tiempo de rigor entre miradas y sonrisas cómplices me atreví a acercarme a una de ellas. Me acuerdo que le conté casi toda mi vida en unas cuantas horas. Sentía como un arrebatado sentimiento en mi interior que me decía que no la dejara escapar. Entonces se lo dije: Te invito a cenar. Ella aceptó y después volvimos a la playa.

Patricia Armas González

Read Full Post »

¡Mamá, mamá…! Haz que se calle… Así le decía a mi mamá siendo una renacuaja con pocos años y mucha, mucha imaginación cuando mi hermanita   pequeña lloraba inconsolablemente por cualquier motivo. Recuerdo que esos ratos de berridos se me hacían interminables y tenía la sensación de que me taladraban la cabeza.

Una tarde, justo después de comer, la situación se repitió una vez más e hice algo que  estuvo mal, pero la verdad es que estaba harta y la muy tonta se lo merecía. Verán: en el momento en el que empezó de nuevo el martirio, me levanté y, lentamente, me dirigí hacia donde estaba tumbada la llorona. Me paré justo delante de su cuna. Observé sus lágrimas de cocodrilo y la cogí con cierta delicadeza, imaginando que era una de esas muñecas cuyo mecanismo se conecta al rozarse con algo y no para hasta la siguiente sacudida o golpe.

La observaba y la sentía entre mis manos haciendo esfuerzos por liberarse. Fue en ese instante cuando pensé en meterla en una caja de juguetes adecuada a su tamaño y guardarla debajo de la cama para que estuviese más ordenado y tranquilo el cuarto. Segundos después de hacerse el silencio, salí corriendo a tragar aire limpio.

Afuera, el tiempo era espléndido. Los rayos del sol chocaban contra los colores, arrancándoles todo su esplendor.  La primavera se hacía notar. Me dirigí hacia el limonero que había plantado mi abuelo hacía ya no sé ni cuantos años. Tantos, que hasta era más alto que yo. Lo miré de abajo arriba y fue entre sus ramas donde descubrí unos limones grandotes y amarillos.

Entonces se me apareció la tentación y quise agarrar aunque sólo fuera uno, pero era demasiado chica para semejante tarea. La tentación me llevó a mirar al suelo, a coger una piedra, a lanzarla al aire y alcanzar a un hermosísimo limón amarillo. El oloroso fruto vino a mis manos y, en el abrazo, nos fuimos los dos al suelo. Le sonreí y nos dirigimos hacia la diminuta y linda casita de mi abuela. Mientras caminaba me imagine como una princesa acompañada por mi príncipe resplandeciente, dirigiéndose a su pequeño palacio. En plena fantasía lo apreté entre mis manos y me llegó su aroma. Me acordé de mi llorona y pensé que sería un lindo regalo.

Rachda El Founti

Read Full Post »

Mi padre

Vienen a mi memoria las largas noches de complicidad que compartía con mi padre en la playa de Las Alcaravaneras algunos días de Semana Santa. Creo recordar que tendría más o menos unos ocho añitos una de las últimas veces que estuvimos juntos.

Revivo intensamente aquellas estampas preñadas de un olor a algas, de un sabor a sal y a pescado fresco que me abría el apetito a cualquier hora, de la música de las olas acariciando y besando las resbaladizas rocas en las que encaramaba mis pies de niño.

Recuerdo a mi padre, moviéndose inquieto y jugueteando con la arena mientras esperaba en la orilla a los marineros viejos para echarles una mano ayudándoles a deslizar la barca por encima de unos maderos carcomidos y ahuecados. Luego hablaban de historias que yo apenas llegaba a entender, gesticulando con unas manos poderosas, llenas de cicatrices que contaban muchas batallas, sin que sus dueños dijeran nada a los presentes.

Las horas pasaban muy rápidamente. Yo les clavaba la mirada sin apenas pestañear y los comparaba con las estrellas que nos alumbraban en silencio desde el cielo. No me cansaba. No me podía aburrir. Estaba entre los sabios. Escuchando conversaciones de hombres.

Después del encuentro venía la elaboración lenta, cuidadosa de la pota -regalada pos los pescadores- en el viejo barril que cargábamos cuando íbamos a la aventura. Noches estrelladas, maderos encendidos que sacaban los mejores olores y sabores al pescado, mezclados con la presencia de mi padre.

Elizabeth Fabián García

Read Full Post »

El Milagro

Yo era una niña muy inquieta. Mi madre y mis dos abuelas no me dejaban estar ni un segundo sola. Ellas siempre me llevaban a todas partes con ellas. Disfrutaba mucho cuando estaba a su lado; caminábamos horas y horas por la linda playa de Las Canteras o por la calle de Mesa y López.

Por  aquel entonces, tenía muchas amigas, pero especialmente había una que me daba mucho pesar, porque era una niña muy  pobre. Tenía problemas en su casa. A veces no comía e iba con su ropa desgastada y sucia.

Un año, cuando se estaba acercando el mes de diciembre, mi abuela empezó  a engordar a un pavo a todas horas. Así fueron pasando los días y el pavo se volvía más y más gordo.

Se aproximaba el 31 de diciembre y no paraba de pensar  en mi amiga. Un buen día, mi abuela salió temprano de la casa. Entonces subí a la azotea, cogí el pavo y se lo llevé a mi amiga. Ella  se puso muy contenta y su madre me dijo: “Que Dios te bendiga, hija mía”. En ese momento me sentí muy feliz. Llegué a mi casa y al día siguiente mi abuela me preguntó si sabía dónde estaba el pavo. Le contesté que no tenía ni idea, pero ella no se quedó  convencida.  Esa misma tarde salió a comprar otro pavo, pero ya no le daba tiempo de engordarlo para el 31 de diciembre. Entonces mi abuelo, el marinero, trajo pescado fresco para celebrar la Navidad. Nunca supieron que yo me sentía feliz sabiendo que mi amiga disfrutaba del pavo que mi abuela había engordado con tanto cariño.

Yady Vanessa Fernández Bravo

Read Full Post »

Tania

Por aquel entonces padecía de los antojos típicos de los adolescentes y de los frenazos en seco que me daba mi padre cuando me ponía borde insinuándole que deseaba tener una compañía fiel. Me acuerdo, como si fuera ahora mismo, de un día soleado que me pareció un buen presagio para conseguir algo especial. Al atardecer y después de ir a currar con mi padre como encofrador, me bañe y me repeiné. Mientras pensaba en cómo saltarme a la torera las órdenes de mi padre, ya que hasta ese día no me había atrevido a decirle que aquella boquita era mía.

Tocaron a la puerta. Abrí, allí estaba mi colega con ella. Creí que se me rompía el corazón. De repente me sentí capaz de todo. Me llegó su olor, algo en su sonrisa me hizo palpitar de emoción contenida; su pelo era suave y hermoso como un paseo por la orilla del mar a las siete de la tarde. Miré a mi amigo, volví a mirar a su acompañante y no me podía creer que mi capricho de adolescente reprimido se fuera a cumplir. Inmediatamente, tuve claro lo que iba a hacer en los siguientes minutos de mi vida. Supe también al instante que Tania era su nombre. Mi Tania, una husky siberiana, iba a compartir vida conmigo hasta que el tiempo nos separara.

Ella ya no está, pero en ese momento pensé que era para siempre.

Rubén Gopar Ramos

Read Full Post »

Hace muchos años, cuando aún era chiquitina, con apenas recién cumplidos nueve años, recuerdo que me encantaba ir a la plaza que estaba muy cerca de la casa de mi abuela. Al principio siempre jugaba a lo que jugaban entonces las niñas: al tejo, a la cuerda…, pero pronto me aburrí; repetíamos siempre lo mismo. Fue entonces cuando empecé a fijarme en las locuras que hacían los chicos y quise experimentar esa sensación de riesgo que a ellos parecía excitarles.

Así que un buen día no esperé más e hice lo mismo que aquellos locos valientes. Cogí una garrafa, la aplasté con las nalgas y me lancé por una empinada y húmeda rampa a toda velocidad. Comencé a dar gritos de emoción al tiempo que apenas si recuerdo que tuve la sensación de ser como un ferrari.

Me sentía inmensamente feliz cuando el aire limpio chocaba contra mi carita menuda y provocaba el llanto de mis ojos. Mi pelo largo y negro contribuía a creer que mi menudo cuerpo se elevaba como el viento. Esos ratos de juegos infantiles tan intensos y felices los tengo grabados a fuego en mi corazón.

Dailos Pérez García

Read Full Post »

Older Posts »