La historia empezó en el viejo continente. Un soleado día me senté en mi sitio habitual, cuando, de repente entró un chico desconocido en la clase. Era un joven alto, negro, muy, muy negro; tan negro, incluso, como la arena de algunas playas de Tenerife. En aquel preciso instante todo mi cuerpo empezó a temblar, y sentí un intenso cosquilleo en la barriga.
El atractivo negro se me acercó lentamente y, mirándome a los ojos, me dijo: “Hola, blanquita, ¿cómo te llamas?”. Le respondí algo sin sentido, porque me sentía incapaz de articular una palabra. “¿Y tú?”, me atreví a preguntarle. “Yo me llamo Tu Negro”. Entonces, desde aquel momento, le llamé “mi negrito lindo”.
Poco después, mi negrito me dijo que si quería ser su novia y yo, de nuevo, no encontré ni una palabra, pero, esta vez, sabíamos que sobraban.
En otra ocasión, mi negrito lindo me dijo que quería darme una sorpresa. Quedamos una tarde en una playa perdida al atardecer. Al llegar encontré algo parecido a una cama de flores en la arena. Luego mi negrito empezó a acariciar mi cuerpo blanco como la espuma que rozaba mi piel lentamente. Nunca olvidaré aquella piel con olor a pétalos de rosas. Pensé entonces en los cuentos de hadas, que para nada se asemejaban al nuestro.
Amanda Rodríguez Ortega
Una historia preciosa
Gracias Amanda, me encanta este relato por desinhibido. Ese es el camino: no decir lo que crees que los demás quieren oir de ti, sino lo que TÚ necesitas expresar. Adelante.
ola,gracias por los comentarios
buenas…
em…? muy bueno el comienzo
poer tendrias que haber agragado mas suspenso ,la charla tendria que ver sido mas intensa
postaque los hay
segundo
me hiso acordar algunas de mis historias cuando recien enpezaba , actualmente tengo 16 ,pero posta que hay una diferencia abismal entre los dos años de diferencia que enpezaba a meterme en el mundo de la pluma.
grasisas.por sierto ubo sensura.i me parese bien lo de la pluma….